domingo, 24 de abril de 2011

Otros Mundos

Glissa salió y se detuvo, asombrada por el paisaje que la rodeaba. La tierra resplandecía. Estaba hecha de un metal plateado en lugar del cobre enmohecido de la Maraña […] Había varias formaciones parecidas a su alrededor, y en la distancia, detrás de ellos, distinguió una montaña de aspecto similar que se elevaba hasta el cielo […]

En varias ocasiones durante el viaje, Slobad les hizo sortear unas plantas muy altas que crecían en matorrales. Eran esbeltas y de un brillante color plateado. Se mecían bajo el viento, creando un silbido espeluznante que perduraba en el aire a su alrededor. Al tercer día vio que una rata del Vacío corría hacia un grupo de aquellas hierbas, perseguida por un depredador de fuertes patas y orejas de metal puntiagudas. Glissa desenvainó la espada y aguardó.

La rata emergió al otro lado del cañaveral, pero entonces una ráfaga de viento cimbreó las plantas y empezaron a cantar. Los tallos se columpiaron delante y detrás y un aullido de dolor se sumó a su coro […]

-¿Qué son? -exclamó Glissa.

-Hierbas cuchilla –dijo Slobad-. Letales cuando hay viento.


Will McDermott, Las Lunas de Mírrodin.


Es fácil imaginar tierras fantásticas saltando la barrera de la realidad terrestre donde es “inimaginable” la existencia de tierras de metal con vastas llanuras de “hierbas cuchilla” habitadas por seres compuestos de metales brillantes y perfectamente tallados. En cambio, yo siempre he imaginado como seria la vida en otros mundos. ¿Cuál es la composición atmosférica? ¿Cómo es el clima? ¿Cómo es su civilización o civilizaciones? ¿Cuál es su política? ¿Cuáles son sus religiones? ¿Cómo es su escala social? ¿Cuán avanzados están tecnológicamente? ¿Cómo son? ¿De qué se alimentan? ¿Necesitan agua?

Sea cual sea la respuesta a estas preguntas, las conclusiones serian asombrosas.

Sin embargo el estudio del Cosmos nos descubre mundos fantásticos e increíbles. Mundos que superan cualquier fantasía e imaginación. Grandes estrellas de diamante que dejarían perplejo al mayor magnate de estas joyas. Mundos vastos de metal resplandeciente y esbelto que refleja la luz de sus soles como si de otra estrella se tratara. Tierras rocosas con fuegos infernales y atmósferas de ácido sulfúrico, iguales o peores que los avernos relatados en ancestrales libros. Gigantescos mundos de llanuras heladas condenados a vagar durante toda la eternidad por la oscuridad cósmica a medida que se van desintegrando. Tierras fantásticas donde los volcanes llegan hasta el cielo y donde los acantilados llegan al mismísimo inframundo.

Este último lugar de volcanes inalcanzables y fisuras tan profundas, es el que llamamos los terrícolas “Marte”, dios de la guerra romano, aunque originalmente fue llamado “Ares”, dios de la guerra griego, renombrado por la conquista romana. Hoy en día es llamado el planeta rojo por su gran cantidad de óxido de hierro que le da ese color tan característico marciano.

En el planeta tierra siempre ha existido la gran cuestión que a tantos apasiona, otros ignoran y a tantos otros asusta. ¿Hay vida extraterrestre? En la sociedad contemporánea hemos puesto el nombre de “marcianos” a este tipo de vida extraterrestre e inteligente. ¿Tan equivocados estamos? ¿Existen esos seres catalogados como “marcianos”? Obviamente no tengo que explicar que un marciano proviene de Marte, un plutoniano de Plutón o un murciano de Murcia. La mayor parte de la popularidad de los marcianos y su fijación como prototipos de vida extraterrestre viene dada por las observaciones de Percival Lowell.

Percival Lowell (1855-1916)

Percival Lowell era un bostoniano interesado por la astronomía, fue un rico diplomático en Corea. Realizó varios estudios sobre la naturaleza humana y planetaria, sobre la expansión del universo y predijo la existencia del planeta X al cual hoy en día llamamos Plutón, cuyas dos primeras letras son las iniciales de Percival Lowell.

Lowell se vio asombrado por la afirmación que hizo en 1877 un astrónomo italiano llamado Giovanni Schiaparelli declarando la existencia de “canali” en Marte, que significa “canales”. Observo una formación de figuras geométricas euclidianas muy parecidas a las de una ingeniería inteligente. Una red de canales dobles que iban desde los polos de Marte hasta las masas de civilización en necesidad de agua, o al menos eso creía Lowell.

Dibujos de Giovanni Schiaparelli de la superficie marciana.
                                                                      

Lowell se enamoró y enloqueció desde mi punto de vista por Marte. Cuando Schiaparelli abandonó la observación de Marte por problemas de visión, Lowell continuó con la investigación.

Lowell construyó su propio observatorio en Mars Hill, Arizona (curiosamente, unas tierras similares al paisaje marciano), lugar caracterizado por su buena visibilidad, lo que en astronomía se llama a una atmósfera estática.

Hacer unas observaciones de este estilo es complicado (más aun tratándose de telescopios del siglo XIX), son muchas horas delante de un telescopio y la visión se vuelve borrosa y difuminada, de manera que no se le puede dar valor alguno a la observación. En ocasiones la visión mejora, los detalles del astro pueden apreciarse momentáneamente y es el momento de anotar rápidamente todo lo que se ha visto dejando de lado la presunción y dejarse maravillar por las figuras de Marte.

Las anotaciones de Lowell estaban llenas de presunciones, de lo que creía ver, exactamente de aquella red de “canali”. Canales que iban desde los polos hasta el ecuador, una gran obra de ingeniería magistral de una civilización muy avanzada.
Dibujos de Percival Lowell de la superficie de Marte.

¿Cómo sería la vida de los habitantes de ese Marte de ingenieros tan avanzados? ¿Tan avanzada e impensable es la idea de conducir el agua mediante esta intrincada red de canales? Como sería entonces su sistema social, la “política del agua”… Como serian las lluvias, que hasta hace poco eran inexistentes para el ojo humano hasta el reciente descubrimiento del ciclo hidrológico marciano. ¿Cómo serian sus ciudades? ¿Obras magistrales de arquitectura? Pienso en ese conocido planeta de bandidos y comerciantes de chatarra de la saga “Star Wars”, Tatooine. Muy parecido a Marte en todo su esplendor, con sus áridas llanuras, rocosas montañas, y lo más curioso, unos habitantes sedientos y revolucionados en necesidad de “canalí”, habitantes que viven y mueren para servir a un “rico” amo o un simple chatarrero, comerciantes y viajeros en los grandes puertos interestelares, peligrosos desiertos llenos de asaltantes y criaturas autóctonas. Sin duda, muy parecido al Marte de Lowell pero con una diferencia notable, su forma de extraer el agua no tenía nada que ver con los canales.

Un día de carrera en la superficie de Tatooine.

En 1907, el codescubridor de la selección natural Alfred Russell Wallace fue encargado de comentar uno de los libros de Lowell. Wallace fue ingeniero en su juventud y afirmaba que Marte era inhabitable. Lowell creía que las temperaturas eran frescas y suaves, pero se demostró que las temperaturas rondaban los cero grados. El aire tenía muchos más componentes que los que creía Lowell y además Wallace afirmó:

“Cualquier intento de transportar este escaso excedente (de agua) por medio de canales de gravedad hasta el ecuador y el hemisferio opuesto, a través de regiones desérticas terribles y expuesta a cielos tan despejados como los que describe el señor Lowell, tendría que ser obra de un equipo de locos y no de seres inteligentes. Puede afirmarse con seguridad que ni una gota de agua escaparía a la evaporación o a la filtración a menos de cien millas de su lugar de procedencia.”

Marte no tenía lugar para la ingeniería hidráulica, ni para unos sedientos habitantes, ni siquiera para unos pocos microorganismos. Era un planeta desierto y sin vida.

Sin embargo en aquella época de maravillas de la ingeniería, entre ellas grandes canales como el canal de Panamá o el de Corinto, esta idea tuvo gran aceptación. Como dice Carl Sagan, si los humanos pueden hacer estas obras, ¿Por qué no los marcianos? Obviamente una especie más sabia y antigua sabría trabajar con este tipo de ingeniería.

Hoy en día tenemos satélites orbitando Marte, robots explorando la superficie. Casi toda la superficie ha sido cartografiada e incluso está disponible en “Google Earth”. Cualquier persona curiosa puede ver una imagen que Lowell jamás habría imaginado y sin necesidad de ningún telescopio. Lo curioso es que no hay ningún rastro de “canali” en Marte, ni un solo afluente que se parezca mínimamente a un canal y mucho menos que cruce el planeta. Lowell estaba equivocado, sin embargo el creía fervientemente en sus afirmaciones y estaba claro, por lo que sus anotaciones reflejaban, que veía algo. Incluso otros astrónomos dibujaban los mismos mapas de Lowell sin haberlos visto nunca, año tras año. Indudablemente había algo, pero, ¿qué podría ser?

El Mariner 9, la primera nave en orbitar Marte, divisó en la superficie del planeta rayas y manchas que varían con el tiempo debido al polvo que arrastran los vientos estacionales, sin embargo, siguen sin tener ningún parecido a los canales de Lowell y además estas manchas no son tan grandes como para verlas desde la Tierra.

Se podría decir que la única respuesta a los canales de Lowell es el mal funcionamiento de la combinación mano/cerebro/ojo en unas condiciones de visión telescópica difíciles. Para encontrar vida inteligente detrás de un telescopio, primero debemos barajar en que lado del telescopio se halla la inteligencia. No quiero decir que Percival Lowell no fuera inteligente, si no que, su presunción le engañó y le hizo creer en lo que vio. En la ciencia, uno debe barajar todas las posibilidades, cualquier tipo de variables, cuestionarse cualquier tipo de pregunta e imaginar en el “que” y “como”, abriendo las puertas de la imaginación y posibilidades, de lo imposible e irreal, pero sin embargo, todo esto sin abandonar la racionalidad y lo conocido, sin dejarse llevar ni por la imaginación ni por la racionalidad.

Por suerte o por desgracia no hay “canali” en Marte, pero hay un mundo lleno de misterios deseando ser descubiertos, zonas marcianas por explorar, vida por encontrar, y un extraño sentimiento en mi interior que dice que todavía queda cierto misterio y mucho que descubrir acerca de los canales de Marte. El mismo cosquilleo que siento al mirar hacia el cielo viene hacia mi al pensar en aquellos canales, pues creo que no habría nadie en el mundo más feliz que yo al saber que hay vida fuera de nuestro planeta, la existencia de otra civilización quizá más avanzada si consiguen una obra de ingeniería tan compleja y no sé si imposible para el ser humano terrestre.

Cualquier conclusión es asombrosa y desde luego nos queda mucho que descubrir sobre la oscuridad infinita del universo, las infinitas maravillas y las sorpresas que puede darnos el Cosmos pues yo creo que cualquier cosa puede ocurrir en este desconocido emplazamiento de la galaxia.

Nos adentramos cada día más gracias al envío de naves que son capaces de observar la existencia de planetas extrasolares en las estrellas de nuestra galaxia, como el satélite Kepler que orbita el Sol y a día de hoy ha encontrado más de mil planetas. Es otro gran paso para la humanidad, por el cual muchos sienten indiferencia o son ignorantes de la noticia, sin embargo, conocer el Cosmos significa conocerse a uno mismo y además somos un medio de que el mismo Cosmos se conozca, si ignoramos su existencia, nos ignoramos a nosotros mismos. El descubrimiento de planetas abre otra puerta hacia el conocimiento del universo, me pregunto, ¿Cuál será la siguiente puerta?
1,235 planetas vistos por el satélite Kepler.
De momento podemos quedarnos con la existencia de más sistemas planetarios, lo que confirma a mi parecer el hecho de que haya vida fuera de este planeta. Y con esto, la esperanza de saber que no viajamos solos en este inmenso mar de estrellas, pues el ser humano necesita ayuda para continuar o la autodestrucción llegará pronto. Solo espero no ser arrasado por un mar radioactivo, aunque la idea también es un poco sugerente.

viernes, 7 de enero de 2011

Fractales, el idioma matemático natural.

En primer lugar deseo un feliz año a todos.

He tenido el blog algo olvidado por estudios y problemas con cierto software necesario para esta entrada, pero ahora que todo está listo sigo el viaje.

En segundo lugar me gustaría agradecer a Ina (Blog de Ina) por poner el link de mi blog en el suyo, y agradezco también a la gente que como ella se interesan un poquito por el Cosmos. Gracias.

Empezemos.

La geometría es una necesidad humana para hacer cualquier tipo de cálculo relacionado con las formas, dimensiones, etc. El humano usó la geometría para el estudio del universo. Un universo en aquel entonces ordenado, tranquilo y con nosotros en el centro. Claro que se podía usar la geometría ordinaria para estudiar el universo, ya que, supuestamente, el universo estaba basado en la tierra. A medida que pasó el tiempo se iba descubriendo cosas sobre nuestro Cosmos, desvelando verdades y viendo más allá, se pudo decir que la tierra es redonda gracias a los estudios trigonométricos de Eratóstenes.


Descubrimos también que existe un sistema estelar "ordenado" al que llamariamos Sistema Solar, y esa estrella era solo una de las millones de estrellas que forman nuestra Galaxia. Con todo esto descubierto no podíamos usar una geometría ordinaria para estudiar escalas universales, necesitábamos algo más.

Wacław Franciszek Sierpiński, matemático polaco, creó varios de los fractales más conocidos.

El Triángulo de Sierpiński.





La curva de Sierpiński.





Niels Fabian Helge von Koch, matemático sueco, dió a conocer su "Copo de nieve".


Gaston Maurice Julia, otro matemático francés, creó el Set de Julia, fruto de su estudio de la iteración de funciones racionales.


Y con el paso del tiempo surgian nuevas ideas y nuevos métodos de estudio de la geometría, iba forjándose la geometría fractal.

Benoit Mandelbrot, el gran impulsor de la matemática fractal, ayudado por los ordenadores. Acuñó el nombre de "fractal" y a él se le atribuye también el nombre de "Geometría fractal".

Su trabajo que revolucionó el estudio del mundo fractal fué el Set de Mandelbrot.



El término fractal podría definirse de varias formas, pero en especial, me gusta la definición que le da Antonio Escohotado:

"Las cosas de incalculable complejidad se llaman fractales y tienen en común presentar longitudes infinitas dentro de áreas finitas."

En términos más técnicos, es una figura u objeto semi-geométrico cuyo patrón es repetido a diferentes escalas infinitamente repetidas. Los fractales pueden encontrarse en cualquier lugar, de hecho pienso y afirmo que vivimos en un fractal, en unas pequeñas coordenadas de un mapa fractal increiblemente grande.

Gracias a este nuevo tipo de geometría podemos estudiar nuestro entorno sin un límite fijo, el único limite será   la capacidad de nuestro ordenador. Gracias al Set de Mandelbrot se ha podido descifrar el mecanismo de funcionamiento del infinto (Por así decirlo). A nivel personal me ha enseñado a observar más y a comprender muchas de las cosas que he visto en nuestro Cosmos. He pasado horas y horas explorando el Set de Mandelbrot e increiblemente, despues de meses estudiandolo durante horas todos los días, voy viendo cosas nuevas y aprendiendo con él, es mi puerta al infinito.

Z = > Z^2 + C

^   ---> Este símbolo indica "elevado a la potencia de..."

La ecuación del infinito. Es muy sencilla, en realidad son simples coordenadas del Set de Mandelbrot representado en un plano de ejes cartesianos.




Todos estos hechos y pruebas me hacen pensar y afirmar la existencia de otro tipo de dimensiones. ¿Se puede estar en ellas? me pregunto. ¿He estado en ellas? Quizás, pues no lo descarto. ¿Cuál es la puerta a otras dimensiones? ¿El cerebro? Si esa es la llave y ese otro mundo fractal y desconocido, donde todas las leyes de la física pierden el sentido fuera otra dimensión, afirmo que he estado allí y pronto volveré e iré las veces que hagan falta. Me gusta ese lugar, guarda unos misterios muy bellos, dignos de observar, que por suerte o por desgracia solo puede ser observado por pocos aventureros a los que la gente llama "locos". 


Hay otros aventureros que entran en esa dimensión y no quieren regresar porque en ella vivieron experiencias muy fuertes o como se le quiera llamar. No olvidemos que al igual que en nuestra tercera dimensión existen leyes, en las otras dimensiones también existen leyes. Totalmente diferentes, irregulares al 100 % para una mente humana. 


Otra vez dejaré que Carl Sagan hable de ello.




Siempre he pensado que el mejor profesor es aquel que explica cosas tan complejas como el estudio de una cuarta dimensión utilizando métodos tan simples como figuras recortables.


Sigamos nuestro viaje por el mundo de los fractales.

Miremos al cielo y observemos las nubes detenidamente.



Un fractal muy grande y obvio, quizás el más grande y obvio para ojos de un terrícola, es más, el Set de Mandelbrot está basado en una nube. Las nubes están ahí afuera normalmente cualquier día y a cualquier hora.

Otra fractal natural curiosa es la del "coliflor romanesco"



Al igual que la radiante y atrayente hoja de un helecho.



Un tenebroso y tranquilo árbol solitario.


O la que más me impresiona, los árboles peleando por llegar al cielo. Recuerdo como Didier y yo nos quedábamos alucinados al ver los árboles aquella noche de nuestro viaje a la otra dimensión.



Vivimos en un mundo fractal donde hizo falta crear la geometría fractal para demostrar que las montañas no son pirámides, los ríos lineas curvas o los árboles representados como un tronco y una gran copa. La geometría fractal nos deja al descubierto muchas cosas y destapa muchas dudas, pero, a su vez, a nivel personal me genera más dudas de las que me aclara. Teniendo en cuenta que la duda es una gran virtud humana, me siento afortunado por tener tantas dudas y poder tener la libertad, como decía Julius Robert Oppenheimer, de dudar de cualquier afirmación, plantear cualquier cuestión, corregir errores, al igual de tener la libertad de buscar la respuesta a mis dudas. 


Todo esto me hace creer en un universo fractal infinito, dividido en escalas. Partículas subatómicas - Átomo - Partícula - Coliflor romanesco - Árbol - Nubes - Tierra - Sistema Solar - Galaxia - Universo - Multiverso - ¿?

Un viaje muy largo, pero en realidad, hablando de escalas, es solo un pequeño acercamiento a la infinidad del Set de Mandelbrot.


Me decia hace pocos días Timo, un amigo: Tio, me da miedo saber esas cosas. A mi también me asusta saber que somos un pequeño punto en un mapa infinito, que queremos controlar esta fracción de mapa y dividirlo aun en "paises". Da más miedo la autodestrucción humana y la privatización del derecho a conocer otras coordenadas de nuestro universo. Me da miedo saber que, generalmente, el humano piensa así. Robots... Al final es lo que acaban siendo. Robots programados para hacer determinadas cosas. Y no parece que vaya a cambiar. Sin embargo, cabe la esperanza.


Para terminar he estado preparando unos fractales con unos programas informáticos que dejaré al final de la entrada para quien quiera viajar por la dimensión Mandelbrot. Os dejaré ahora con algunos de los fractales que más me han impresionado.

No recomiendo ver esto a personas propensas a ataques epilépticos o pérdida de consciencia al exponerse a ciertas luces parpadeantes o ciertos dibujos luminosos.




En el minuto 5:37 vemos ese fragmento que nos recuerda a una sintonia de televisión analógica. Recuerdo como Danny y yo pasábamos horas mirándolo en la tele mal sintonizada con el volumen al máximo y él pensaba: ¿¡Qué cojones es eso?! Y yo a su vez pensando en lo mismo, los 2 teniendo en mente una sola cosa: BIG BANG. Suerte en Brasil Danny! Gracias por enseñarme a abrir los ojos.


Me habría gustado añadir otro video con más fractales ajenas al Set de Mandelbrot, muy interesantes también, quizás más adelante actualize, cuando arregle el problema con el software.

Aquí os dejo 2 programas de exploración fractal para los que quieran adentrarse más allá.
                            
Explorador y generador de fractales.
Explorador de fractales (este es un poco más locura), el que usé para el video.

Otra vez agradezco a toda la gente que se interesa por abrir los ojos, observar un poco más, analizar, dudar, preguntar. Gracias.